Vivo entre muchos libros y extraigo una gran parte de mis ganas de vivir del hecho de que aún leeré la mayoría de ellos. (Elias Canetti)

miércoles, 9 de febrero de 2011


NATSUO KIRINO. OUT


Hola, buenos días o buenas tardes, las recomendaciones literarias llegan de nuevo a vuestras casas, como todos los miércoles por la mañana, o los viernes en la sobremesa si seguís la redifusión del programa, pues ya está aquí Todos los libros un libro, la emisión de Radio Universidad de Salamanca desde la que semanalmente os aconsejo, con toda modestia, pero con toda firmeza también, la lectura de un libro, en la creencia, que espero que no os resulte petulante, de que las lecturas que a mí me gustan y aun me apasionan, forzosamente han de interesarles al menos a algunos de entre vosotros.

Hoy, la opción es algo arriesgada, y así quiero indicároslo desde el comienzo, pues se trata de un muy atractivo libro, pero también algo extremo, con grandes dosis de violencia, con pasajes abiertamente desagradables que pueden herir, como dicen con tópica reiteración en estos casos los medios de comunicación, la sensibilidad del lector. No obstante, si vuestro dominio de los nervios, si vuestra capacidad para superar las manifestaciones menos delicadas de nuestra pobre vida de humanos os lo permiten, os recomiendo con énfasis este libro pues nos sumerge en una lectura apasionante, de ésas que nos atrapan sin remisión, además de proponernos muchas cuestiones sugestivas para su análisis y reflexión.

Pero vayamos con la referencia, que con tanto preámbulo debo de teneros en vilo, y para suspense, nos basta y nos sobra con el libro del que quiero hablaros. Se trata de Out, sucinto título para una voluminosa novela, de más de quinientas cincuenta páginas, escrita por la nipona Natsuo Kirino y publicada en 2008 por la editorial Emecé en traducción de Albert Nolla Cabellos. Natsuo Kirino, a la que, sinceramente, yo no conocía antes de leer este Out, es, así la presenta su editorial, la reina japonesa del crimen, galardonada con múltiples premios literarios de novela negra y respaldada también por la crítica, no sólo la de su país, sino la americana, la británica, la alemana o la francesa, entre otras, que han descrito Out como obra maestra, y le han otorgado los calificativos de sensacional e intensa.

Y ciertamente la novela reúne todos los ingredientes que caracterizan a las mejores obras del género: crímenes, intriga, misterio, suspense, cadáveres, asesinos, policías, investigaciones criminales, sospechosos, tensión y toda la amplia panoplia de efectos que se dan cita en las novelas negras. Pero, como ocurre también con las más destacadas de entre las novelas policíacas, Out logra trascender los estereotipos de referencia y ofrecer al lector algo más, bastante más: una descripción pormenorizada y fiel de la sociedad en la que surge, una despiadada crítica social, un magnífico retrato de caracteres, una solvente presentación de personajes con entidad, creíbles, reales, unas tesis morales que inducen a la discusión, a la reflexión, al debate, un universo, en suma, muy rico y complejo, en el que nos adentramos durante las apasionantes horas de su lectura.

Masako, Kuniko, Yoshie y Yayoi son cuatro mujeres, de diferentes edades y condiciones sociales también diversas, que trabajan en el turno de noche de una fábrica de alimentos precocinados y que tienen en común, sobre todo, el vivir unas existencias mediocres, frustrantes, limitadas y sin horizonte, de las que el mísero trabajo por horas en la cadena de montaje no es más que una manifestación destacada de su falta de expectativas vitales. Relaciones familiares rezumando inercia, vacío y desesperanza cuando no abierta hostilidad, penurias económicas sin cuento, espacios vitales míseros, viviendas baratas y exiguas, y sobre todo ausencia de ilusión o proyecto alguno, las cuatro soportan unas vidas horribles y vulgares, frustrantes y desoladoras. Ojalá fuera una mujer distinta, en un lugar distinto, llevando una vida distinta y viviendo con un hombre distinto, dice una de ellas, en un significativo resumen de su vida. Y otra de las amigas describe así su penosa existencia familiar: Apenas recordaba cuánto tiempo hacía que no dormían juntos. Ahora vivían bajo el mismo techo y cumplían los roles que cada uno había escogido para sí. Ya no eran marido y mujer, ni siquiera padre y madre de su hijo. Se limitaban a ir al trabajo y a ocuparse de las tareas domésticas de manera automática y obstinada. Se estaban autodestruyendo en un lento proceso imparable.

Una noche, Yayoi, la más joven de las cuatro, harta de soportar el comportamiento de su marido, que la engaña y dilapida en el juego el escaso patrimonio familiar, que la ignora y cuando no lo hace, borracho tras sus juergas nocturnas, la agrede violentamente, lo estrangula con su cinturón en un arrebato no premeditado. Obligada irreflexivamente a desembarazarse del cadáver de su esposo, habla con sus compañeras de trabajo y, entre las cuatro, descuartizan el cuerpo y abandonan los macabros restos en diversos contenedores desperdigados por la ciudad. A partir de este hecho terrible, que tiene lugar en los primeros momentos del libro, se desencadena una sucesión de espeluznantes peripecias, esperables, como les decía, en una trama ortodoxa de novela negra. Pero lo que Natsuo Kirino nos muestra, mientras desarrolla el hilo conductor detectivesco, es lo que hay por debajo de esos crímenes, el entramado más íntimo e inesperado, los entresijos más auténticos, de la apacible, en apariencia, normalidad de la vida nipona.

Una novela extraordinaria, intensísima, sobrecogedora, muy dura, tocada por un muy combativo y radical feminismo, por una feroz crítica social; una novela sin esperanza, que denuncia -sin mostrar alternativa alguna- la despiadada injusticia que encierra la cotidianidad falsamente ordenada de nuestras sociedades; una novela sincera, valiente, impregnada de una ambigüedad moral que puede resultar escandalosa, nada complaciente. Una novela, en suma, que merece ser leída. No os la perdáis. Out, Natsuo Kirino, Editorial Emecé. La canción que sonará tras el fragmento que os leeré del libro es Twiggy Twiggy, uno de los efervescentes y eclécticos hits en los noventa de los nipones Pizzicato five.

Cuando despertó al atardecer, Masako se sentía un poco triste. El hecho de que con la llegada del otoño anocheciera antes era bastante deprimente. Sin moverse de la cama, observó cómo el sol desaparecía paulatinamente para dar paso a la oscuridad.

En esos momentos, trabajar en el turno de noche se le antojaba insoportable. No era de extrañar que muchas de las mujeres en su misma tesitura acabaran neuróticas. Con todo, lo que las llevaba a la depresión no era tanto la oscuridad como la sensación de vivir con el paso cambiado, de ir siempre a contracorriente.

¿Cuántas mañanas había pasado atareada, sin un momento para respirar? Siempre había sido la primera en levantarse para preparar el desayuno y la comida, tender la ropa, vestirse, soportar el malhumor de su hijo y llevarlo a la escuela. Había vivido muchos días pendiente del reloj, yendo de aquí para allá, sin tiempo ni siquiera para hojear el periódico o leer un libro, durmiendo menos horas de las necesarias para llegar a todo y sacrificando los pocos días festivos para hacer la colada y limpiar la casa. Ésos habían sido días normales, inocentes y libres de la tristeza que sentía en esos momentos.

Sin embargo, no tenía ganas de volver a vivirlos, de cambiar su situación actual. Al levantar una piedra caliente por el sol quedaba expuesta la tierra húmeda y fría que yacía debajo, y ahí era donde Masako había encontrado su lugar. En esa tierra no había ni rastro de calidez, pero aun así era suave y acogedora. Vivía en ella como lo haría un insecto. Masako volvió a cerrar los ojos. Tal vez porque su sueño había sido ligero e irregular, no había conseguido recuperarse del cansancio y se notaba el cuerpo pesado. Finalmente, como arrastrada por la fuerza de la gravedad, se sumió de nuevo en un estado inconsciente y empezó a soñar.




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