Vivo entre muchos libros y extraigo una gran parte de mis ganas de vivir del hecho de que aún leeré la mayoría de ellos. (Elias Canetti)

miércoles, 2 de septiembre de 2015

RODOLPHE BACQUET Y GILLES DUSOUCHET. 500 FORMAS DE VIAJAR DESDE EL SOFÁ

¿Qué es lo que le impulsa a uno a viajar, a salir de casa, sino los relatos, las imágenes que hablan de otro lugar que uno mismo querría descubrir a su vez? ¿Cuántas películas, libros o músicas nos incitan a hacer el equipaje para ir al encuentro de los personajes, los ambientes y las atmósferas que evocan? A veces resulta inconfesable, o no del todo consciente, pero a menudo la elección de un destino de vacaciones nos es sugerida por los héroes de nuestra infancia, los acordes de guitarra de nuestra adolescencia o las secuencias de cine que nos han marcado. Nuestra imaginación se alimenta con paisajes y ambientes que han sido magnificados por escritores, cineastas y músicos gracias a su talento y que modelan nuestros deseos de evasión.
 
Sin buscarlo, muchos artistas han contribuido a popularizar algunos lugares olvidados o poco conocidos: la película Indochina nos abrió los ojos a las bellezas de Vietnam, mientras que Memorias de África dio nueva vida a los safaris africanos. Björk no es ajena al interés por Islandia y Cesária Évora ha hecho oír al mundo entero la melancolía áspera de las islas de Cabo Verde. La plantación de Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, el desierto tunecino de La guerra de las galaxias, la Lisboa de Pessoa… Los promotores de viajes lo han comprendido y despliegan esfuerzos inauditos para atraer a los viajeros tras las huellas de obras famosas, mostrándoles los circuitos de Almodóvar en Castilla o las rutas en autobús dedicadas a los Beatles en Liverpool.
 
Sin embargo, estas peregrinaciones no siempre siguen los caminos trillados. Si Kerouac tuvo muchos imitadores, el regreso a Fårö, la isla del cineasta sueco Ingmar Bergman es menos frecuente, pero no menos apasionante. Películas de autor o comedias para el gran público, thrillers islandeses o el Camino de Santiago recorrido por algún famoso, ciudades del Yemen filmadas por Pasolini o calles de Bangkok mostradas en Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!… la ficción despliega paisajes, despierta deseos y nos embarca con ella.
 
Guías inspirados, cineastas, novelistas, cantantes, con su don de abolir las fronteras, abren pistas mezclando periplos vividos y exploraciones soñadas, y liberan uno de los resortes más hermosos de la aventura. La felicidad del viajero en su sofá, sin desplazarse y al tiempo viajando muy lejos.
 
En esta obra se ofrece precisamente esta ida y vuelta entre la visión de los artistas y el vasto mundo a través de 500 películas, libros y discos que nos hacen viajar sin gastar un euro (o casi). Esta relación entre el viaje y las historias que nos relatan, entre viaje y canciones (las que uno tararea), está en el meollo de la historia de Lonely Planet. Cuando en 1973 Tony y Maureen Wheeler acabaron su gran tour, saliendo de Londres para llegar a Melbourne después de un viaje de varios meses, para bautizar a su editorial eligieron como nombre una referencia a la letra de la canción de Joe Cocker Space Captain, que comienza con “Once while travelling across the sky, This lovely planet caught my eye…”. Lovely se convirtió casualmente en Lonely, pero a partir de una canción iba a desplegarse ante ellos un largo camino que haría compartir a millones de lectores su afición por viajar.
 
 
Hola, buenas tardes. Bienvenidos al primer programa de Todos los libros un libro por este nuevo curso, el 2015-2016, que es ya el sexto en que nuestra sección aparece en la emisora universitaria salmantina tras varias temporadas en Onda Cero. Y como septiembre es, normalmente, para muchos de nosotros -singularmente estudiantes y profesores-, un mes de retorno, de reinicio de las actividades académicas y laborales, como el ocio vacacional ya ha quedado atrás, como el verano se extingue y con él se reducen las posibilidades -a las que tan propicio es el estío- de viajar, de olvidar la roma cotidianidad y partir hacia destinos lejanos en busca de aventuras y experiencias desconocidas, de sensaciones insólitas, de otros paisajes, de nuevos amores, también -y siendo optimista- de nuestro mejor yo, por todo ello, digo, quiero ofreceros hoy, con no demasiado modestas pretensiones, una alternativa de viaje relativamente asequible y que soslaye las dificultades que nuestro sometimiento a la áspera realidad impone a la siempre presente tentación del “peregrinaje” y la errancia y hasta a la compulsión del turismo…
 
Y es así que el texto de presentación, con el que he iniciado hoy mi reseña, aparte de ser muy explícito con respecto al contenido del libro que esta tarde os recomiendo, apunta también a las intenciones que me mueven en esta mi primera propuesta del curso. Se trata, lo habréis adivinado, de 500 formas de viajar desde el sofá, un muy atractivo libro escrito por los franceses Rodolphe Bacquet y Gilles Dusouchet y publicado, en traducción de Albert Ollé, bajo los auspicios de Lonely Planet, la conocida editorial de guías de viaje a la que también se menciona en el prefacio leído.
 
Resulta imposible, como es de suponer, dar una mínima muestra del contenido de un libro como este, casi inabarcable. En setenta y tres capítulos muy breves -nunca más de cuatro páginas- los autores nos invitan, en muy sucintas reseñas, a adentrarnos en parajes, selvas, playas, montañas, espacios, territorios, lugares, ciudades, países del mundo entero, partiendo exclusivamente de la presencia de todos estos “escenarios” en libros, canciones y películas de los que se nos informa -como digo, muy resumidamente- en una concisa nota, casi una ficha, que, sin embargo, se abre a múltiples evocaciones y despierta muy convincentemente las ansias viajeras del lector.
 
Con una quizá excesiva presencia de referencias francesas -algunas (ciertos filmes, ciertos libros, ciertos cantantes) muy ceñidas a la realidad del país vecino y casi desconocidas para nosotros- 500 formas de viajar desde el sofá proporciona abundantes posibilidades de “disfrutar” de periplos inolvidables que se recogen en un doble índice final, uno geográfico, que incluye el listado de lugares “visitados”, y otro de las obras seleccionadas, divididas en tres apartados: películas, series y dibujos animados, libros y música.
 
Ante la imposibilidad de mostrar, siquiera de modo aproximado, el cúmulo de “sugerencias” que contiene la obra, me limitaré a transcribiros los evocadores títulos de sus distintos capítulos, pues su sola mención os dará pistas suficientes para atisbar el inagotable universo de propuestas que contiene. Y así, en el libro se trata de ‘Road movies’, África en tecnicolor, El Caribe al descubierto, Crónicas de viaje: los grandes clásicos, Las grandes profundidades, Novelas de amor que transportan, Roma en la pantalla, Los éxitos musicales llegados de fuera, Los desiertos más hermosos del cine, Tailandia en palabras e imágenes, Nueva York con todas las letras, Castillos de cine, California ‘mix’, La música clásica que arrebata, Los grandes monumentos en la pantalla, Colores del Pacífico, Novela negra en la ciudad, Una taza irlandesa junto al fuego, Las playas más hermosas del cine, Visitar París sin salir de la habitación, Cuando los escritores narran sus vacaciones, ‘Made in Japan’, El ‘jazz’ que viaja, Las cimas en la gran pantalla, Libros para zarpar, Lo mejor de África en música, Viajar en dibujos animados, Las mejores intrigas sobre Venecia, Las óperas viajeras, Cómo ver los países que no se pueden visitar, EE.UU a través de las series, Si Brasil fuera narrado, Los grandes exploradores, Los lugares de rodaje más visitados, Puntos de vista e imágenes de Londres, El cine en las antípodas, Las novelas que incitan a viajar a los niños, Rumbo al este, La India de Kipling a Bollywood, ‘Playlists’ urbanas, España de Cervantes a Almodóvar, Las películas de jungla, Las regiones italianas en los libros, Palacios donde alojarse mirando una película, Érase una vez China, ‘Folk songs’, Escritos en la arena, Nueva York una ciudad de cine, Ritmos insulares, Las grandes novelas de aventuras, Visitar los Polos bien calentito, Trópicos de cine, Cámara café, ‘Rock made in USA’, Cómics viajeros, Italia en la gran pantalla, Sonoridades árabes, Bobinas de México, Ríos de novela, Atmósfera colonial, Las ciudades más roqueras, Los grandes espacios americanos, Berlín, ficciones que saltan el muro, Novelas negras exóticas, El ‘swinging London’, Islas para estremecerse, Maelstrom escandinavo, Cuando el Mediterráneo sale de la pantalla, La ‘chanson’ sale de Francia, Ritmos latinoamericanos, Humores portugueses, Paisajes lunares y Los nuevos escritores.
 
Y, en fin, con tanta referencia no hay tiempo ya para más. Os invito a adentraros en este 500 formas de viajar desde el sofá que presenta la editorial Lonely Planet. Estoy seguro de que no resistiréis la tentación de contentaros con la mera lectura y abandonando vuestro reposo os lanzaréis en pos de la aventura viajera. O, en el peor de los casos, si partir os resulta ahora imposible por inexcusables razones laborales, estoy persuadido de que tras hojear siquiera el libro empezaréis a urdir en vuestro cerebro los planes para una próxima expedición que os lleve a lugares desconocidos.
 
Os dejo con Space Captain, el tema de Joe Cocker mencionado en la introducción y en cuya letra está la explicación del nombre de la famosa editorial viajera.

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