Vivo entre muchos libros y extraigo una gran parte de mis ganas de vivir del hecho de que aún leeré la mayoría de ellos. (Elias Canetti)

miércoles, 20 de abril de 2011


PHILIP HOARE. LEVIATÁN O LA BALLENA

Hola, bienvenidos a Todos los libros un libro, que hoy os trae una recomendación de lectura que no será radiada, pues al interrumpirse las emisiones de Radio Universidad durante las vacaciones de Semana Santa, estas palabras sólo verán la luz en nuestro blog. Dejadme que hoy empiece mi reseña de una manera entusiasta y entregada. Y es que el libro del que quiero hablaros es absolutamente apasionante, yo lo he leído en algunas intensísimas jornadas de las pasadas vacaciones navideñas y os puedo asegurar que su lectura me ha deparado bastantes horas, unos cuantos días y, en conjunto, una semana de auténticas satisfacción y felicidad. Se trata de Leviatán o la ballena, un deslumbrante ensayo del británico Philip Hoare publicado por la editorial El Ático de los libros. La obra ha sido acogida con entusiasmo unánime de crítica y público en el Reino Unido, en donde ha recibido el premio de la BBC al mejor libro de ‘no ficción’ del año 2009. Se presenta en España avalado por las recomendaciones incondicionales y siempre muy fiables -al menos para mí- de Antonio Muñoz Molina y Fernando Savater, que se declaran rendidos admiradores del libro. Cierto es que, probablemente, ambos cosmopolitas escritores habrán podido degustar el texto en su versión original inglesa porque, en un sentido contrario a todo lo que os he referido hasta el momento, debo indicaros que la edición española es absolutamente deplorable, con una traducción de Joan Eloi Roca, repleta de faltas de ortografía (de las que nadie está exento, pero son decenas), de múltiples fallos de concordancia, de sinsentidos varios, de infinidad de errores tipográficos, además de alguna desafortunada elección en la traducción. En torno a cien de estos desajustes he podido registrar en las cerca de quinientas páginas del texto, lo cual convierte una lectura de por sí enormemente interesante y placentera en una pequeña tortura, asaltado el lector a cada poco por alguna barbaridad perpetrada por el deficiente traductor que es, además, el editor, el principal responsable y uno de los inspiradores, con su propia mujer, de la editorial El ático de los libros, por otro lado un sello a seguir, altamente recomendable, con una política de publicaciones muy interesante y atractiva. Por ello mismo resulta aun más lamentable tener que ocupar parte de mi reseña en constatar este tipo de errores, reveladores de una injustificable desidia en la traducción pero sobre todo indicativos de una absoluta ligereza por parte del responsable de la edición -algo paradójico, pues el libro en sí, como mero objeto, es bellísimo, con estupendas fotografías y un formato muy manejable y agradable. Sirvan algunas muestras del desastre a modo de ejemplo: los términos cuando, como, y cual se acentúan sistemáticamente de modo incorrecto y se adornan con tilde cuando debieran carecer de ella, viéndose privados del acento en las ocasiones en que les sería indispensable; el vocablo aparte aparece en varias ocasiones dividido en dos, a, parte, y el fallo vuelve a repetirse en aposta; la palabra jirafa se escribe con una irritante g; diagnóstico aparece sin tilde... y eso que no menciono los signos ortográficos descabalados, las admiraciones que se cierran sin haber sido abiertas, las frases en condicional que acaban sin formular la condición... e infinidad de frases en las que, por la omisión de alguna palabra o la repetición de otra, el sentido desaparece por completo, obligando a una nueva lectura, airado ya el lector, en busca del significado oculto de tanto anacoluto. En fin... y sin embargo, como os decía, el libro es magnífico y su lectura, pese a los constantes encontronazos con los muchos disparates de la edición, extraordinariamente sugestiva y deslumbrante.

Philip Hoare es, desde niño y a partir de una visita infantil a un museo y el encuentro en él con una maqueta gigante de ballena azul, un amante apasionado de las ballenas y consagra su libro a narrar esa pasión, a hacernos partícipes, y más aún, a contagiarnos de ella. Y lo admirable en él, y ése es el gran logro del libro, es que no siendo necesariamente el lector, no al menos en mi caso, no ya alguien devoto del mundo cetáceo, sino ni siquiera alguien mínimamente interesado por el universo animal, consigue trasladarnos su pasión y hacernos vivir, absolutamente entregados, la fascinante existencia de unos seres en los que, antes de abrir el libro, apenas habíamos reparado. Y uno acaba por entender así, gracias a la maestría del autor, el encanto y la atracción que estas bestias fabulosas y como venidas de otro mundo pueden ejercer sobre la imaginación y la fantasía de los niños, o sobre la capacidad fabulatoria de generaciones y generaciones de individuos en todas las partes del mundo, despertada y avivada esa capacidad por el prodigio inexplicable de estos animales mitológicos.

Esta ballena legendaria aparece descrita y estudiada en todos sus posibles enfoques, el autobiográfico, relativo a la vinculación vital del escritor con el mundo de los cetáceos, el científico, el literario, el documental, el religioso, el histórico, el sociológico, el político, el filosófico... Quiero decir con ello que en el libro se nos ofrece todo lo que hay que saber sobre las ballenas, sea cual sea el punto de vista desde el que se analice la existencia de ese enorme, misterioso, mítico y aun casi desconocido animal. El libro es un prodigio de erudición, de amena erudición, con datos, cifras, curiosidades varias que van surgiendo capítulo a capítulo y que agotan hasta el más mínimo reducto de la vida de los cetáceos. Y así, conocemos sus orígenes, cincuenta millones de años atrás, sus características físicas, con inteligentes y entretenidísimas informaciones acerca de su portentosa anatomía, de su descomunal esqueleto, de las interioridades de sus órganos insólitos, de sus muy variados rasgos externos, de la multiplicidad de tipos de aletas y orificios respiratorios, de sus dentaduras poderosas o, por el contrario, de la ausencia de dientes y de la aparición en su lugar de las llamativas barbas. Conocemos también su biología, el funcionamiento de su organismo, las complejas y sutiles maniobras respiratorias, la circulación de su sangre, las estrategias de buceo y flotación, el prodigio de su enorme e inteligente cerebro, su milagrosa capacidad de orientación, sus ojillos limitados y en cierto sentido ciegos, sus, por el contrario, formidables capacidades auditivas, su versatilidad hidrodinámica, sus costumbres sexuales y reproductoras, su longevidad desmesurada. Se nos ofrece también el relato pormenorizado de las distintas peculiaridades de las principales clases de estos mamíferos y otros semejantes, y así por el libro desfilan cachalotes y rorcuales, tiburones y orcas, narvales y delfines, ballenas enanas, ballenas bacalao, ballenas jorobadas, la ballena azul, la ballena blanca, ballenas beluga y ballenas piloto, la ballena franca de Vizcaya, la gris del Pacífico, la de Groenlandia y tantas otras (incluso alguna desconocida inventada en la deficiente traducción), en una fauna admirable y siempre sorprendente.

Otro aspecto remarcable del ensayo tiene que ver con los lugares físicos en los que las ballenas se manifiestan. El autor viaja a Cape Cod y New Bedford en Estados Unidos, visita las costas del Mar del norte británico, los acantilados de las Azores, los territorios, en fin, surcados por estos seres fabulosos. Sobrevuela sus manadas en avión, se acerca a ellos en barcas, nadando incluso, los contempla, los admira, los fotografía, llega a acariciarlos. Pero, además de su experiencia directa, de primera mano, nos ofrece la historia de todos estos lugares, espacios emblemáticos durante siglos de la persecución y la caza de las ballenas. Son apasionantes las recreaciones de las distintas épocas, sobre todo a partir del siglo XVI, en las que se registra la obsesión del hombre por las ballenas: los museos navales, las diversas modalidades de los barcos, los botes, las chalupas, los instrumentos de la caza, arpones y ganchos, picas y lanzas, los antiguos pabellones de despiece, los toneles para el aceite, los puertos de los que zarpaban y a los que arribaba la flota ballenera, las factorías humeantes, las refinerías en funcionamiento permanente, los periódicos de la época, con referencias al tráfico marítimo, con anuncios para la captación de marineros, con las tarifas de los productos obtenidos en las expediciones.

Y éste es precisamente otro de los ejes muy atractivos en el libro: el que tiene que ver con la codicia humana y sus consecuencias, con el insensato afán del hombre por disfrutar de los réditos económicos que el comercio de la ballena y sus derivados proporciona, con el avaricioso negocio en torno a los múltiples aprovechamientos del animal. Un provecho que ha tenido muchas manifestaciones a lo largo de los siglos: la propia carne de ballena, cocinada en las poblaciones costeras del universo ballenero, en variadas recetas de alguna de las cuales se da cuenta en un capítulo del libro; su grasa inacabable, que proveyó al mundo de aceite a lo largo de siglos, un aceite que iluminó la vida de las ciudades de todo el orbe; el mágico esperma, pilar fundamental de la industria cosmética y farmacéutica; el codiciado y romántico ámbar gris, pagado a precio de oro y utilizado para múltiples y sorprendentes fines.

Y un lugar central del libro, permeando todas sus páginas, lo ocupa la literatura, desde Moby Dick, la obra maestra de Melville, que aparece una y otra vez como un correlato literario de la historia narrada, más bien como un hilo conductor que anuda los distintos capítulos, hasta cualquier referencia -directa o indirecta- a las ballenas en otros escritores, Thomas Hobbes, Nathaniel Hawthorne, Henry Thoreau, sobre todo, pero también Daniel Defoe, Edgar Allan Poe, Bram Stoker, Henry James, George Orwell o Ray Bradbury, que integran una extensa bibliografía final.

Pero hay, además, decenas de otras muy interesantes aproximaciones al tema principal como, por ejemplo, la descripción de la singular organización social de los cachalotes; los análisis sobre su condición de metáfora proteica: su caza emblema de la lucha contra el mal, del mito fundacional de los Estados Unidos, de la superación y el esfuerzo, unas ballenas que se constituyen en símbolo, en su libre deambular por las aguas, del poder indiscriminado de la naturaleza, naciones sin Estado, el gran Leviatán de Thomas Hobbes; las connotaciones religiosas, el vínculo atávico con un legendario diluvio universal y el origen terrestre de la creación; su trascendencia en el desarrollo y el progreso de nuestras sociedades, su papel esencial en las transformaciones mundiales, en el movimiento de poblaciones enteras, en las cambiantes esferas de influencias políticas y sociales; las curiosidades de sus apariciones en el cine, con Moby Dick, la obra maestra de John Huston, ocupando un papel preponderante; su despiadada captura, su sangriento y brutal exterminio: la población de cetáceos del mundo ha sido cazada, arponeada, aplastada, dinamitada incluso, consumida de una forma implacable que ningún otro recurso vivo en el planeta tuvo que sufrir (sirvan un par de cifras: trescientos mil cetáceos mueren al año, atrapados por redes de pesca, trescientas sesenta mil ballenas azules murieron en el siglo XX, destrozadas por misiles, innoble forma de caza, sin rastro alguno del heroísmo valiente de los marinos de los siglos anteriores).

Pero más allá de todas estas curiosas e inteligentes miradas sobre la vida de las ballenas, lo que resulta deslumbrante en el libro es el estilo arrebatador, la fluidez del relato, el encantamiento que producen en el lector unas páginas que se leen como una apasionante novela, la variedad de historias sorprendentes, los datos insólitos, las anécdotas llamativas y asombrosas, como la del marinero encontrado vivo en el interior de una ballena, la de las inusitadas penetraciones múltiples que las ballenas francas permiten a los machos en el acto del amor, la de la atracción del presidente Kennedy por los cetáceos, hasta el punto de hacerse enterrar con un diente de ballena en el féretro y tantas otras...

En fin, no dejéis de hacerlo, no dejéis de leer este Leviatán o la ballena, escrito por Philip Hoare y publicado por El Ático de los libros. No os arrepentiréis. Cierro ya la reseña con una referencia musical ineludible, la militante Wind on the water, de David Crosby y Graham Nash, acompañados esta vez -una más- por Stephen Stills. Hasta la próxima semana.

Nada representa la vida en una escala tan descomunal. Ver una ballena no es como ver un gorrión en un árbol de la ciudad o un gato cruzando la calle. No se puede comparar ni siquiera a ver una jirafa juguetear por la sabana africana, guiñando sus glamurosos ojos a causa del polvo. Las ballenas existen más allá de lo normal, más allá de lo que esperamos en nuestras vidas cotidianas. Casi son más geográficas que animales; si no se movieran, sería difícil creer que están vivas. En su tamaño -en su misma construcción- son antídotos a nuestras existencias vividas inflexiblemente en ciudades. Quizá por eso me afectó tanto verlas en ese momento de mi vida. Estaba preparado para ver las ballenas, para creer en ellas. Había ido allí en busca de algo, y lo había encontrado.

Allí había un animal próximo a mí como criatura -que compartía conmigo corazón y pulmones y mis cualidades de mamífero- pero que al mismo tiempo estaba dotado de un aspecto físico sobrenatural. Las ballenas son señales palpables de la vida oceánica que no podemos ver; sin ellas, a nuestros ojos, el mar bien podría estar vacío. Y sin embargo, son totalmente mutables, hechas del material de los sueños porque existen en otro mundo, porque su aspecto es lo que sentimos cuando flotamos en nuestros sueños. Quizá, si no proyectáramos nuestras ideas sobre ellas, no serían más que otra especie, otra parte de la creación divina (aunque, por supuesto, alguien podría decir que eso es en sí mismo otra proyección). Sin embargo, imbuimos a las ballenas con la improbabilidad de su continua existencia, y de la nuestra. Somos terrestres, animales de tierra, y dependemos de nuestros limitados sentidos. Las ballenas desafían la gravedad, ocupan otras dimensiones, viven en un medio que nos sobrecogería y que excede con mucho nuestros dominios continentales. Son alienígenas que aparecen en las tablas Linneo, siguen campos magnéticos invisibles, ven a través del sonido y escuchan a través de sus cuerpos. Se mueven por un mundo del que nada sabemos. Son animales de antes de la Caída, inocentes de todo pecado.



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